Hace tiempo que vi Mad Max: Furia en la carretera, la cuarta iteración del ex-policía en el yermo postapocalíptico australiano por el ya venerable George Miller. Cuando la vi salí vibrando del cine, pues pese a que no soy muy admirador de la estética árida del desierto, sí vi una de las películas de acción más competentes que he tenido la fortuna de ver en una pantalla de cine. De hecho creo que sería la mejor de este año si no fuera porque también vi la sobresaliente Kingsman: El Servicio Secreto. Sin embargo no vengo a contar las bondades de la película, sino porque el cansinismo del debate que la rodea.